Cuando el sobrado Junqueras dice que promoverá la
desobediencia civil si el Tribunal Constitucional veta el referéndum por la
independencia de Catalunya no hace otra cosa que equipararse a la chulería de
Rajoy pavoneándose de que tiene todo listo para evitar la consulta popular.
Ambos gallitos dan la medida del barriobajerismo político al
que se puede llegar con el choque de dos nacionalismos extremos, a 600
kilómetros el uno del otro.
Las encuestas otorgan cada vez mayor apoyo de la ciudadanía
catalana a las opciones de diálogo para llegar a la geografía del acuerdo. Pero
con la poca vergüenza institucional de Montoro en el caso Pujol, el frentismo
de Cospedal por la “Cataluña española” y las bravatas de los sectores radicales
de Convergència y de la Assemblea
Nacional se cocina un guisote infecto que no conducirá a otra cosa que a la
intoxicación masiva.
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