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viernes, 27 de enero de 2017

DesenREDarse de las Redes

Veo que el marcador de mi blog ha superado las 100.000 lecturas. Antes eso era bastante. Allá por 2004, cuando comencé mi primer blog en Balearweb, contaba las entradas por cientos y hasta por miles cada día; la lista de comentarios era inacabable. Una docena de años después, mis cifras actuales son de miseria: cualquier chistoso “echao p’adelante” cuenta a sus seguidores por millones.
La realidad es que en las redes ya solo triunfan los mensajes simples y mediocres, que conectan a la primera con la mediocridad ambiental. Sube como la espuma la información de simpáticas ocurrencias. Al fin y al cabo, vivimos en un país donde 33 ayuntamientos (del PP) han declarado a la virgen alcaldesa honoraria.

Las redes sociales son una perfecta herramienta de expresión para todos. Creemos que participando en ellas somos protagonistas de nuestra propia película y reclamamos la atención de los demás. El problema es que escribir en Twitter o Facebook no convierte a los tontos en sabios ni otorga la razón a los sofistas. Opinamos por encima de nuestras posibilidades.

El resultado es que se pierde la capacidad de tabular informaciones y formular deducciones, que no es otra cosa que la inteligencia. Hillary Clinton cae mal en amplios sectores de la población: sabe demasiado, se expresa con lógica implacable y eso molesta a las nuevas masas que solo se entretienen con los mediópatas de pacotilla. El único político italiano que crece en apoyos, Beppe Grillo, acaba de decir: “No soy un líder político, soy un cómico; un día pienso una cosa y otra la contraria”.  No podía desvelar mejor los secretos del triunfo.

¿Hay que echar la toalla…? Ni mucho menos. Los tiempos pasados no fueron mejores sino más sencillos. Los cobardes los añoran por eso y porque son incapaces de afrontar lo complejo. La cuestión es que desmontar los andamiajes de engañabobos (lo que ahora se llama posverdad o hasta “hechos alternativos”) es de una complejidad de vicio.

Por lo pronto voy a apearme y desenredarme de las redes durante un tiempo. No sé si será mucho o poco. A quienes hasta ahora habéis soportado la expresión de mi vanidad en forma de comentario, gracias.



miércoles, 18 de enero de 2017

Hoteleros contra microhoteleros

Los hoteleros de Balears siguen demonizando el alquiler turístico particular en edificios de pisos - por lo general - propiedad de gente de clase media que saca un rendimiento económico para intentar recuperar  ingresos que la crisis se llevó. El Govern progresista de Balears prepara una ley de regulación cuyo objetivo final es recortar este tipo de oferta de microhoteleros para combatir –dicen - la impresión de saturación turística y, de paso, ofrecer gestos a colectivos que exigen una poda al flujo de turistas.  
Así pues, parece que el monopolio de alojamiento turístico seguirá estando en manos de los hoteleros, que no consienten la menor competencia, por mínima que sea y aunque provenga de sus propios conciudadanos, que tratan de paliar pérdidas con un alquiler comodín contra las bajas pensiones, los sueldos precarios o sus hijos en paro.

Los propietarios de hoteles exageran las actuales cifras de tales alquileres para presionar al Govern y lograr la ley más restrictiva. Sin embargo, en paralelo, sigue la construcción de hoteles urbanos, que ha registrado una eclosión sin precedentes en el casco antiguo de Palma durante la última década. Es más, en zonas turísticas como s’Arenal, algunos hoteleros proceden al aumento de su capacidad aumentando las alturas de sus edificios, hasta el 50% (como ocurre con el de la foto de ayer mismo) con el beneplácito aparente de la Administración local. 
Probablemente sea preciso poner topes a un crecimiento sin freno, pero se equivocan quienes preparan la primera guillotina a los ciudadanos microhoteleros . No son ellos los causantes del desenfreno. Antes deberían controlar las compras masivas de apartamentos por parte de sociedades extranjeras que alimentan ese mercado y, luego, reducir el desembarco de varios cruceros diarios en el puerto de Palma, principal causa del famosa sensación de saturación en las calles del casco viejo de la ciudad en verano. Y, si hay que poner más alto el listón, suprimir plazas hoteleras obsoletas y cerrar establecimientos que se niegan a la renovación.
El turista de 2017 ya no es un rebaño que llega a Mallorca con un tour operador y va directo al hotel de tres estrellas; una franja importante desea alojarse en una casa en el centro de cualquier ciudad o pueblo, tratar con los vecinos y gozar civilizadamente la vida de barrio. Como es normal, entre ellos puede colarse algún maleducado, pero en mucha menor medida que los bárbaros que pueblan algunos hoteles de la costa, aquellos que se inscriben en la recepción con media botella de vodka en el cuerpo. Y esos, en clara paradoja, no causan alarma social ni son objeto de leyes de regulación. 

Creo que el Govern no ha calibrado  dónde se ha metido.

martes, 3 de enero de 2017

"Som quatre moixos que necessitem tres bisbes"


Tres joves historiadors, Joan-Pau Jordà, Joan Colom i Biel Mayol acaben de publicar "Somnis compartits: la identitat mallorquina a debat". Aquesta última frase conté una reiteració atès que no sembla haver identitat sense debat.

Allà per 1897, Gauguin va signar una de les seves millors obres tahitianes: "D'on venim, què som i on anem". A les Balears el primer plantejament està clar perquè ho sabem; el darrer també té resposta fàcil: no tenim ni idea. El del mig resulta més complex. Parlar d'identitat en aquest país suposa topar-se amb més obstacles que els cavalls de corren el Grand National britànic.

No és fàcil configurar la identitat balear en una comunitat on ningú se sent balear. Si una persona ha nascut a La Gomera diu sense complexos que és canària, però mai he sentit ningú de Balears dir que era balear. Els únics gentilicis són els usats a cada illa. L'atomització fa esclatar els denominadors comuns. Com diu el còmic Toni Gomila: "Som quatre moixos que necessitem tres bisbes".

Per si això fos poc, una de cada quatre persones que viu a Balears ha arribat d'altres països en els darrers quinze anys. Son xifres de migracions d’envergadura, amb els conflictes culturals, idiomàtics, socials i convivencials que això suposa. Als "forasters" i "guiris" d'abans s’hi sumen ara "moros, negres, panchitos...". Ja fa molts d’anys que el primer balear de l’any no du llinatges autòctons. Tot un còctel difícil de pair que suposa un cop duríssim a la cosmovisió autocomplaent dels autòctons d'unes illes que, per redundància, sempre han viscut aïllades i conformat el millor dels mons: el paradís de "lo nostro".

Així les coses ¿és possible parlar d'identitat al segle XXI? Parlar sí, perquè és gratis. Esgrimir un argument honest i raonat és molt més complex i fins pot ser que inútil. L'obra esmentada fuig de quimèrics maximalismes; toca de peus a terra. Retreuen a IB3 - instrument clau d'identitat – que, ara per ara, fer país ja no passa per sèries interminables sobre les possessions mallorquines sinó per la inclusió del relat global sobre la immigració. També sorprèn el tracte que els tres joves autors, fills de la normalització lingüística, donen a l'ús de la llengua catalana: “és el moment de la naturalitat; ja no cal resistir”, diuen. En certa manera em suggereix la impressionant proposta centenària de Ramon Llull: "Si no ens entenem pel llenguatge, entenem-nos per l'amor".

Per be o per malament, la concepció identitària ha entrat en l’evolució líquida del segle XXI. Per sobreviure, s'haurà de reinventar. Brexits, Trumps i similars són producte del passat (per dir alguna cosa suau en el plàcid inici de l’any).