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lunes, 11 de septiembre de 2017

Independencia, Barça y Real Madrid


Llamo a Pau, mi amigo de la infancia en Barcelona, para comentar una Diada tan especial a pocos días del referéndum que supuestamente – según sus patrocinadores - dará vía libre a la independencia de Catalunya.

-         -  Si, he ido con mis nietos, de diez y doce años, que se han pintado la cara los jodidos y gritaban como descosidos.
-          - Tienes claro lo de la independencia...
-          - ¡Tú dirás! ¡Qué se han creído los madrileños!
-         -  ¿Y ya has pensado quién te pagará la pensión a partir del próximo día 2? ¿Y la prestación por desempleo de tu nuera?
-          - ¿Quién crees tú que la va a pagar? El Estado, por supuesto.
-          - Pero si Catalunya ya es independiente y se desconecta de España…
-          - No me vengas con tonterías; nada de eso va a cambiar. En realidad nada va a cambiar. 
-          - Pero si nada cambia… ¿para qué sirve la independencia?
-          - Pues para que Madrid se cabree y se joda. Por cierto, en tres partidos ya los tenemos a cuatro puntos… ¡Que aprendan de una puñetera vez!

Pau me ha impartido toda una lección incuestionable de sociología; intuyo que son legión  las buenas gentes que piden con bandera y fervor la independencia sin preguntarse cómo afectará a su vida cotidiana, a la economía en general y a su bolsillo en particular. Y no tienen la culpa: nadie se lo ha explicado; entre otras cosas, porque nadie lo sabe ni, sorprendentemente, parece preocuparle. 

La genial finura del argumento de Pau es la mutación apenas perceptible entre la vida política y la futbolística; de hecho se pasea de la una a la otra como si se tratara de la misma estancia, atraviesa el espejo mágico.

 Ese es el gran éxito del independentismo: haber inyectado en la mente de los forofos del Barça (un 80% de los catalanes y me quedo corto) que la guerra del Barça con el Real Madrid es la misma que la del Gobierno central con la Generalitat y hay que tratarla con el mismo sentimiento, la misma pasión y el mismo criterio: el primer gol de Messi contra el Espanyol fue legal; las imágenes que señalan el fuera de juego están manipuladas por los de siempre, los de la caverna y de la maldad mesetaria. Por una vez el árbitro acertó.

No todo es mérito de los indepes. La circunstancia de fusión entre la vida política y la futbolística tiene mucha historia. Por citar solo la más reciente, el forofismo obsesivo de Puigdemont con la independencia tiene su referente en el holliganismo del expresidente culé  Joan Gaspar, ese que se bañaba de noche en las turbias aguas del Támesis después de ganar una Champions. Ambos comparten actitudes a todas luces sin estilo y sin solvencia para ocupar presidencias de instituciones, su sola presencia las envilecen. Pero no hay que escandalizarse; por comportamientos diferentes, Rajoy  provoca el mismo efecto en el Gobierno de España.

Es obvio que Rajoy es una máquina de crear independentistas. Ahora, después de lo ocurrido la pasada semana en el Parlament y lo que nos espera en las próximas, sabemos que muchos independentistas son factorías que producen Rajoyes en cadena. Ambos se retroalimentan y crecen Un buen negocio.


Por cierto, me olvidé de preguntar a mi amigo dónde jugará el Barça de la Cataluña independiente.

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