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viernes, 9 de junio de 2017

Referèndum sí, però no aquest

Fa un moment he sentit  Puigdemont i Junqueras presentant la convocatòria del referéndum per a la independència de Catalunya. En termes generals tinc una opinió negativa dels referèndums; on hi hagi unes bones eleccions, que es treguin els referèndums que, normalment, solen ser una maniobra del poder per prendre dreceres democràticament dubtoses. Tot i així, podria estar a favor d’un referèndum, però no d’aquest. El que jo defenso es basaria en tres punts:

1. Una decisió tan transcendental no es pot aprovar per una majoria del 50%. De la mateixa manera que les lleis fonamentals demanen un suport parlamentari qualificat (de 2 terços o 3 cinquenes parts), un referèndum necessita al menys aquest volum d’adhesions. Per les eleccions basta el 50% per una senzilla raó: es poden repetir cada vegada que les circumstàncies ho aconsellin i, com a màxim, cada 4 anys. No és el cas del referéndum: si no té els efectes desitjats no es pot repetir cada dos per tres; avui independent, demà no, passat demà sí... L’embolic del “Brexit” és un bon exemple de consulta que aporta més problemes que solucions.

2. Són temps de matisos i no de decisions salomòniques. Hauria d’haver tres preguntes: Vols la independència? Vols la configuració d’un Estat Federal amb un encaix especial per Catalunya? Vols que tot continuï com fins ara? Les terceres vies són indispensables per evitar confrontacions perilloses en una opinió pública molt polaritzada.

3. Seguir l’exemple de Canadà: garantir una Llei de Claretat, redactada per totes les forces en litigi, on es detalla de forma objectiva totes les conseqüències – bones i dolentes – de la independència. La ciutadania ha de saber el que vota. Que no passi com l’endemà del “Brexit”, quan els patrocinadors ja es desdeien dels grans avantatges que en campanya havien formulat. Fora bromes i manipulacions. Al mateix temps, el procés s’ha de produïr amb tota la transparència i legitimitat, sense abusos de tramitació parlamentària. No es pot combatre la carència  democràtica amb més carència  democràtica. 

Un referèndum així, si.

  

lunes, 22 de mayo de 2017

5 claves para saber qué pasó, pasa y convendria que pasase en el PSOE

1. Todo es más simple de lo que muchos creen: Sánchez ha captado el pulso real del grueso de la militancia socialista y Susana Díaz, con su estado mayor de generales, no. Es un caso claro de soberbia con exceso de confianza, letal en una sociedad tan líquida como la del siglo XXI.

2. Una buena noticia: ni grandes medios de comunicación, ni conexiones económicas, ni la procesión de antiguos santones pueden conducir y manipular a un colectivo concienciado y luchador, que tiene muy claro lo que quiere. El establishment solo sale vencedor cuando se enfrenta a masas desinformadas y cobardes. Que la socialdemocracia tome nota.

3. Otra obviedad: el proceso de decadencia del PSOE comenzó cuando dio pie a que se acuñase el PPPSOE. En consecuencia, la recuperación llegará cuando la ciudadanía perciba que se han roto las dos primeras Pes y se reinstale en una izquierda útil, moderna, responsable y abierta. Susana no llegó a analizar este mapa y se perdió.

4. Futuro: Si alguien pretende recomenzar de inmediato una operación de acoso y derribo a Sánchez, además de miope está muy equivocado. Ayer, 21-M, fue un punto sin vuelta atrás. Nada ni nadie en el PSOE puede preparar un nuevo golpe contra el secretario general sin contar con el grueso de la militancia. Si aún así lo hace, que se atenga a las consecuencias. El parte médico de las heridas políticas de Susana Díaz lo ilustrará.

5.Conclusión: Es preciso que la reserva activa del partido pase a la jubilación política definitiva. Que se guarden odios personales operísticos en el desván; que todo el mundo se suba a la ola y aproveche el impulso creado por las primarias del PSOE para rescatar la decencia y los valores cívicos que el Gobierno del PP ha secuestrado.

viernes, 19 de mayo de 2017

Listos para la remontada

Conste que lo de “quien se mueva no sale en la foto” de Alfonso Guerra me gustaba. Era indispensable consolidar una democracia incipiente y amenazada con partidos fuertes y bien organizados. Pero ahora, cuando se lo explicas a un joven no comprende la gracia ni sabe quién es Guerra. 40 años nos separan.

Rodolfo Llopis, tras vivir la guerra civil, guardó durante 30 años la bandera del PSOE en el exilio. Y en 1974, cuando cuando ya regresaba a España ondeando el estandarte, se lo birlan en Suresnes un grupo de jóvenes andaluces y vascos porque ese secretario general representaba el pasado y carecía de conexión emocional con la sociedad española que debía estrenar democracia. Lógico. Actuaron con inteligencia y pusieron al frente a un abogadillo llamado Felipe González que se convertiría en el presidente de la auténtica transformación de España, de las cavernas a la modernidad.

Hoy estamos exactamente en la misma situación, solo que 43 años después. Quienes arrebataron la bandera a Llopis se niegan a cederla a una nueva generación del siglo XXI, con referencias más modernas, más cerca del pulso de los militantes, a quienes les importa un pepino salir o no en la foto. 

Si este domingo gana Susana Díaz, la bandera seguirá en manos de la División Viejuna (más allá de la edad) y el PSOE, como sus colegas franceses y holandeses, se encogerá hasta la insignificancia.  Patxi López no ganará porque ha querido ser árbitro sin darse cuenta de que los árbitros no ganan partidos sino que, en todo caso, si son malos los hacen ganar a los demás. Si gana Pedro Sánchez aparecerá una oportunidad para dejar el pasado en el Cuadro de Honor Socialista y trabajar con nuevos modos, nuevas caras, nuevos lenguajes, nuevas sensibilidades y nuevas políticas sobre frontispicio de los valores republicanos: libertad, igualdad y fraternidad, un postulado tan sencillo y complejo.


Iñaki Gabilondo bajó ayer durante un minuto la guardia impuesta por el general Prisa y dijo que la militancia del PSOE ha dado muestras de una implicación y una vitalidad envidiables. Es probable que Sánchez sea el próximo secretario general, pero la mejor noticia es que habrá ganado la militancia. Entonces será el momento de emprender la remontada. No será la primera.

jueves, 20 de abril de 2017

Ocho claves de las primarias del PSOE



1. En parrilla de salida Pedro Sánchez encabeza las encuestas por amplia mayoría. Patxi López, con mucho menos apoyo, parece condenado a pintar poco al final de la campaña. Susana Díaz está a la cola de las encuestas pero irá a más.

2. Una diferencia esencial: solo Susana Díaz ostenta cargos institucionales y orgánicos en el partido. Los otros dos son militantes de base sin poder alguno. La primera utilizará esta baza para arrastrar voto cautivo. Tiene a sus órdenes un ejército pagado y bien entrenado para la tarea. De ahí su previsible aumento de porcentaje. Pedro Sánchez se apoya únicamente en la militancia de base y voluntariado.

3.Los grandes jerarcas del partido, históricos y presentes, estatales y locales, apoyan a Susana Díaz para mantener el perfil del PSOE de los años ochenta, centralizado y vertical. El del “quien se mueva no sale en la foto”. De ahí lo de “ganador”. Pero más de 30 años después, ya no puede ganar porque la sociedad progresista ha cambiado y quiere otro PSOE, con otro modo de hacer las cosas y claro perfil de izquierdas. La muestra ha sido el surgimiento de Podemos con varios millones de votantes socialistas. 

4. El poder económico y el de la comunicación apoyan a Díaz, la única que garantiza  la complicidad socialista con ellos. Ella parece no entender que una de las causas que han crujido al PSOE ha sido el reverencialismo gratuito de los socialistas con esos poderes que, a la que puedan, intentarán crujir a Sánchez.

5. Dicen que la precampaña es demasiado agresiva por militantes de ambas partes. Quizás tengan razón, pero con una diferencia. Los de Susana están organizados desde arriba y siguen las consignas al pie de la letra y a menudo, como hemos oido, con mentiras indignas. Los de Sánchez surgen por generación espontánea y cada uno va por su lado. Un movimiento es vertical,  y organizado; el otro horizontal y guerrillero.

6. La lucha por la desigualdad es compartida por los tres candidatos con matices diferentes. No así la configuración territorial de España. Díez sigue la línea “Santiago y cierra España” tan querida por el PP; a los soberanistas catalanes, ni saludarlos. En la España de 2017, la mayoría de españoles están por el diálogo con Cataluña para pactar soluciones del siglo XXI. Sánchez sigue esa línea.

7. La política de alianzas tampoco es compartida. La izquierda tiene el deber de resolver su atomización de un modo u otro. Sánchez lo sabe. En los mapas electorales de Europa ya no abundan los partidos hegemónicos con mayorías absolutas. Criminalizar a priori todo pacto con Podemos o con Esquerra Republicana, como lo hace Susana Díaz, no solo es un error estratégico sino que no comulga con la opinión de una extensa franja del electorado, partidaria de acuerdos. Sin embargo, el PPPSOE, como se ha constatado, está mucho más cerca de Susana que de Sánchez.

8. El gran escollo de Susana Díaz es borrar de la memoria colectiva su patrocinio del acuerdo para investir a Rajoy, un presidente hasta el cuello de la corrupción política. Y el nivel sigue subiendo cada día. Esa percepción será insalvable para la candidata.

viernes, 14 de abril de 2017

Aquelles nuviances...

En plena negociació pel Govern de 2015 a les Illes Balears, dues parelletes, de MÉS i Podemos, jugaven al selfie tuiter en pla amiguets emergents moderns, ecolós, sobiranistes i alternatius amb un gran futur conjunt per davant. Menys de dos anys més tard aquelles nuviances han esclatat i ... es donen ultimàtums!!!! Tant de bo madurin aviat i torni un poc del seny perdut a l’esquerra balear (i mundial) que bona falta que fa. Les dretes ja es llustren les sabates amb un somriure d'orella a orella...

viernes, 7 de abril de 2017

La corrupció, segons la dreta i l'esquerra

Fotos de Diario de Mallorca
És molt curiós constatar com es desenvolupen els cassos de presumpta corrupció a la geografia de la dreta i a la de l’esquerra balear.  L’episodi de les contractacions de Jaume Garau és un cas de llibre. Apareix als mitjans (probablement fruit de denominat “foc amic”) i l’esquerra s’incendia a les primeres de canvi. És important recordar que això succeeix a unes Illes on s’han produït una trentena de sentències condemnatòries per corrupció política i institucional i, que jo sàpiga, cap ha afectat a l’esquerra.

Una esquerra que, davant aquesta situació, s’esbaldrega, s’assota i crea una crisi profunda. No en té prou en demanar perdó i aclarir detalladament tot el que ha succeït per saber l’envergadura i calibrar la presumpta il·legalitat: l’endemà ha de tallar caps i caps i no sap que, per molts que en talli, la dreta cínica encara en demanarà més. El cas es magnifica des de la pròpia esquerra, amb crisis de govern, extrema tensió interna i depressió de militants i simpatitzants. Amb el més gran complex de culpabilitat, provoquen el cataclisme. Els mitjans fan l’agost. La dreta, sense despentinar-se, es frega les mans.

A la pràctica, col·laboren amb el PP a encendre la pira incendiària i cauen en el parany de participar en una bregassa parlamentària de molts decibels amb el ventilador de la merda escampant-ne per tot. La dreta té clar l’objectiu: que una bona franja de gent arribi a la conclusió del “tots són iguals”, que és allà on és camuflen el vertaders corruptes de sempre perquè per l’esquerra és un desastre i a la dreta li és ben igual.

La dreta té a les Illes Balears dotzenes sentències fermes de corrupció d’alta intensitat (Presidents de Govern, consellers, alts càrrecs) i, quan això succeeix, callen, fan el mort i esperen que amaini el temporal.

Com és natural, aquesta reacció diferent entre uns i altres surt de la diferència ètica dels uns i dels altres. Però, personalment, sempre m’ha semblat moralment incomprensible que una multa per excés de velocitat (que s’ha de pagar i restar punts) causi més rebombori i més estralls que una estafa piramidal amb milions d’euros i milers d’afectats. 




viernes, 27 de enero de 2017

DesenREDarse de las Redes

Veo que el marcador de mi blog ha superado las 100.000 lecturas. Antes eso era bastante. Allá por 2004, cuando comencé mi primer blog en Balearweb, contaba las entradas por cientos y hasta por miles cada día; la lista de comentarios era inacabable. Una docena de años después, mis cifras actuales son de miseria: cualquier chistoso “echao p’adelante” cuenta a sus seguidores por millones.
La realidad es que en las redes ya solo triunfan los mensajes simples y mediocres, que conectan a la primera con la mediocridad ambiental. Sube como la espuma la información de simpáticas ocurrencias. Al fin y al cabo, vivimos en un país donde 33 ayuntamientos (del PP) han declarado a la virgen alcaldesa honoraria.

Las redes sociales son una perfecta herramienta de expresión para todos. Creemos que participando en ellas somos protagonistas de nuestra propia película y reclamamos la atención de los demás. El problema es que escribir en Twitter o Facebook no convierte a los tontos en sabios ni otorga la razón a los sofistas. Opinamos por encima de nuestras posibilidades.

El resultado es que se pierde la capacidad de tabular informaciones y formular deducciones, que no es otra cosa que la inteligencia. Hillary Clinton cae mal en amplios sectores de la población: sabe demasiado, se expresa con lógica implacable y eso molesta a las nuevas masas que solo se entretienen con los mediópatas de pacotilla. El único político italiano que crece en apoyos, Beppe Grillo, acaba de decir: “No soy un líder político, soy un cómico; un día pienso una cosa y otra la contraria”.  No podía desvelar mejor los secretos del triunfo.

¿Hay que echar la toalla…? Ni mucho menos. Los tiempos pasados no fueron mejores sino más sencillos. Los cobardes los añoran por eso y porque son incapaces de afrontar lo complejo. La cuestión es que desmontar los andamiajes de engañabobos (lo que ahora se llama posverdad o hasta “hechos alternativos”) es de una complejidad de vicio.

Por lo pronto voy a apearme y desenredarme de las redes durante un tiempo. No sé si será mucho o poco. A quienes hasta ahora habéis soportado la expresión de mi vanidad en forma de comentario, gracias.



miércoles, 18 de enero de 2017

Hoteleros contra microhoteleros

Los hoteleros de Balears siguen demonizando el alquiler turístico particular en edificios de pisos - por lo general - propiedad de gente de clase media que saca un rendimiento económico para intentar recuperar  ingresos que la crisis se llevó. El Govern progresista de Balears prepara una ley de regulación cuyo objetivo final es recortar este tipo de oferta de microhoteleros para combatir –dicen - la impresión de saturación turística y, de paso, ofrecer gestos a colectivos que exigen una poda al flujo de turistas.  
Así pues, parece que el monopolio de alojamiento turístico seguirá estando en manos de los hoteleros, que no consienten la menor competencia, por mínima que sea y aunque provenga de sus propios conciudadanos, que tratan de paliar pérdidas con un alquiler comodín contra las bajas pensiones, los sueldos precarios o sus hijos en paro.

Los propietarios de hoteles exageran las actuales cifras de tales alquileres para presionar al Govern y lograr la ley más restrictiva. Sin embargo, en paralelo, sigue la construcción de hoteles urbanos, que ha registrado una eclosión sin precedentes en el casco antiguo de Palma durante la última década. Es más, en zonas turísticas como s’Arenal, algunos hoteleros proceden al aumento de su capacidad aumentando las alturas de sus edificios, hasta el 50% (como ocurre con el de la foto de ayer mismo) con el beneplácito aparente de la Administración local. 
Probablemente sea preciso poner topes a un crecimiento sin freno, pero se equivocan quienes preparan la primera guillotina a los ciudadanos microhoteleros . No son ellos los causantes del desenfreno. Antes deberían controlar las compras masivas de apartamentos por parte de sociedades extranjeras que alimentan ese mercado y, luego, reducir el desembarco de varios cruceros diarios en el puerto de Palma, principal causa del famosa sensación de saturación en las calles del casco viejo de la ciudad en verano. Y, si hay que poner más alto el listón, suprimir plazas hoteleras obsoletas y cerrar establecimientos que se niegan a la renovación.
El turista de 2017 ya no es un rebaño que llega a Mallorca con un tour operador y va directo al hotel de tres estrellas; una franja importante desea alojarse en una casa en el centro de cualquier ciudad o pueblo, tratar con los vecinos y gozar civilizadamente la vida de barrio. Como es normal, entre ellos puede colarse algún maleducado, pero en mucha menor medida que los bárbaros que pueblan algunos hoteles de la costa, aquellos que se inscriben en la recepción con media botella de vodka en el cuerpo. Y esos, en clara paradoja, no causan alarma social ni son objeto de leyes de regulación. 

Creo que el Govern no ha calibrado  dónde se ha metido.

martes, 3 de enero de 2017

"Som quatre moixos que necessitem tres bisbes"


Tres joves historiadors, Joan-Pau Jordà, Joan Colom i Biel Mayol acaben de publicar "Somnis compartits: la identitat mallorquina a debat". Aquesta última frase conté una reiteració atès que no sembla haver identitat sense debat.

Allà per 1897, Gauguin va signar una de les seves millors obres tahitianes: "D'on venim, què som i on anem". A les Balears el primer plantejament està clar perquè ho sabem; el darrer també té resposta fàcil: no tenim ni idea. El del mig resulta més complex. Parlar d'identitat en aquest país suposa topar-se amb més obstacles que els cavalls de corren el Grand National britànic.

No és fàcil configurar la identitat balear en una comunitat on ningú se sent balear. Si una persona ha nascut a La Gomera diu sense complexos que és canària, però mai he sentit ningú de Balears dir que era balear. Els únics gentilicis són els usats a cada illa. L'atomització fa esclatar els denominadors comuns. Com diu el còmic Toni Gomila: "Som quatre moixos que necessitem tres bisbes".

Per si això fos poc, una de cada quatre persones que viu a Balears ha arribat d'altres països en els darrers quinze anys. Son xifres de migracions d’envergadura, amb els conflictes culturals, idiomàtics, socials i convivencials que això suposa. Als "forasters" i "guiris" d'abans s’hi sumen ara "moros, negres, panchitos...". Ja fa molts d’anys que el primer balear de l’any no du llinatges autòctons. Tot un còctel difícil de pair que suposa un cop duríssim a la cosmovisió autocomplaent dels autòctons d'unes illes que, per redundància, sempre han viscut aïllades i conformat el millor dels mons: el paradís de "lo nostro".

Així les coses ¿és possible parlar d'identitat al segle XXI? Parlar sí, perquè és gratis. Esgrimir un argument honest i raonat és molt més complex i fins pot ser que inútil. L'obra esmentada fuig de quimèrics maximalismes; toca de peus a terra. Retreuen a IB3 - instrument clau d'identitat – que, ara per ara, fer país ja no passa per sèries interminables sobre les possessions mallorquines sinó per la inclusió del relat global sobre la immigració. També sorprèn el tracte que els tres joves autors, fills de la normalització lingüística, donen a l'ús de la llengua catalana: “és el moment de la naturalitat; ja no cal resistir”, diuen. En certa manera em suggereix la impressionant proposta centenària de Ramon Llull: "Si no ens entenem pel llenguatge, entenem-nos per l'amor".

Per be o per malament, la concepció identitària ha entrat en l’evolució líquida del segle XXI. Per sobreviure, s'haurà de reinventar. Brexits, Trumps i similars són producte del passat (per dir alguna cosa suau en el plàcid inici de l’any).



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Se acabó el belén

Una de las polémicas navideñas de Barcelona es el belén municipal de la Plaça Sant Jaume. Durante décadas, el Ajuntament ha expuesto las más diversas visiones del belén; algunas muy innovadoras y creativas, con abundancia de detalles y guiños que divertían a niños y mayores. Pero este año el belén ha sido sustituido por una instalación que, bajo el título de alegoría navideña, presenta escenas surrealistas, otras de misterioso simbolismo y la mayoría ni se sabe. Una obra probablemente de gran nivel artístico pero que no corresponde en absoluto a las expectativas de los visitantes porque es más digna de estar en una galería de arte que en las calles que transpiran algarabía navideña. Los niños, muchos de ellos llegados de otros barrios en busca del colosal belén de la Plaça de Sant Jaume, muestran caras de decepción: “¿Pero dónde está el belén?”.

El caso no deja de ser una anécdota ciudadana sin importancia pero visualiza el instinto político de la alcaldesa Colau en particular y, en general, de las nuevas fuerzas políticas que la han votado: el uso continuo, obsesivo y abusivo, del gesto diferenciador, el gran afán por enterrar todo cuanto les ha precedido porque  es viejuno. 

El episodio del belén trasluce una esotérica visión laicista de la iniciativa municipal, unas sorprendentes ganas de demostrar que “a nosotros no nos va la religión y mucho menos la Iglesia”, sin ni siquiera pensar que una inmensa mayoría de la gente que visita el belén de la Plaça de Sant Jaume son, al menos, tan laicistas como ellos pero consideran que el conjunto de figurillas con nieve de mentira forma parte de la cultura navideña al mismo nivel emocional que los canelones hechos con “carn d’olla”.

Imagino que algunos responsables institucionales de nuevo cuño se levantan temprano pensando cómo diferenciarse de la “vieja política”, lo cual no es malo en sí mismo pero, lamentablemente, el cambio se inclina más hacia gesto que a la acción. Gran parte de la política institucional se sustenta hoy con camisetas de eslogan, discursos rufianescos compuestos con “memes” encadenados uno tras otro, exhibición de cartelitos en los escaños i gags televisivos como besos sorprendentes o bebés en los hemiciclos. No se invierte la misma energía y creatividad en la creación de empleo, la creciente desigualdad, la proyección internacional o la modernización tecnológica. 

Me temo que se impone la máxima lampedusiana: “Es preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Y muchas cosas no deben seguir igual. El belén de la Plaça de Sant Jaume, sin embargo, sí.